May 14, 2014

Monumento y memoria

El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
-El tiempo que perdí por mi rosa... -dijo el principito, a fin de acordarse.
Fragmento de “El principito”de Antoine de Saint-Exupéry 

El hombre transgrede a la naturaleza para reconformar el paisaje, el balance de este espiritu de transgresiones a la naturaleza con la caligrafía de humanidad lo que hace engendra la ciudad. Un día, la fuerza de la naturaleza nos hizo reconocer nuestras limitaciones ante la fuerza de gravedad. Empero, el espíritu de construir, no desvanecerá, consecuentemente, la construcción es un pilar fundamental del desarrollo. Los componentes urbanos de la Managua post terremoto revelan grandes vacíos formales y conceptuales, son muy elocuentes en ello, sin programa claro, sin integración, sin pena ni gloria.
En la memoria del ciudadano, la aparición de nuevos monumentos, como suerte de anillos en la corteza del árbol, se superponen recreando una historia. Con la repetición de la mirada las imágenes se apropian, se cotidianizan. Tan conveniente panorámica inhibe el econocimiento del monumento en otro nivel: Una obra que siendo confeccionada para el resguardo en la memoria, sería indefectiblemente conducida a su destrucción.
Albert Speer, el arquitecto de Hitler, habría sido el único referente en la proyección de obras pensando a su vez en la posibilidad de su destrucción. En el contexto de creación de un imperio haría sentido que en algún momento sus monumentos fuesen destruídos en algún momento. Pero es una excepción.
El “falo y la concha” se convirtieron en peyorativos burlescos en las redes sociales durante su inusitada destrucción. Se hablaba de dos monumentos: El “faro del parque de la paz”, concebidos respectivamente por el arquitecto Nelson Brown Barquero por concurso realizado bajo el mandato presidencial de Violeta Barrios y “La concha acústica”, diseñada por el arquitecto norteamericano Glenn Howard Small por instrucción directa del entonces alcalde Herty Lewites. Ambos repentinamente y sin mayores explicaciones sometidos a demolición por presuntos motivos de inseguridad por daños sufridos durante los sismos de Abril del 2014 , sin mayores consultas y sin haber siquiera atentado a repararlas en caso de daños, lo que ha dejado una gran brecha de especulación en la población.
Para bien o no, en la actualidad, los monumentos y diferencia de los edificios, suelen ser objetos de transferencia ideológica. Un valor agregado intencional a los canones de belleza y funcionamiento de antaño. El valor común clandestino en las obras transgredidas estiba precisamente en no ser comúnes en el paisaje de la ciudad, del trazo iluso de sus diseñadores incentivado por el flirteo político de los funcionarios con la ciudadanía se convirtieron en hitos formales sin parangón en el panorama urbano de una Managua, una ciudad que gracias a los desastres naturales y las falencias de sus gobernantes en la historia ha traducido la ruina como lenguaje de identidad… esa singular capacidad de convertir trabajos de ingeniería en arquitectura para el ciudadano que las recorre. Después se podría hablar de muchos valores intrínsecos en la arquitectura, pero nada puede desviar la sensación que evoca un edificio bien realizado en términos de concepto y obra. Y sin embargo, si merecían conservarse los monumentos no era por alguna ingenua mística subyacente en sus masas, salvar el ego de arquitectos, constructores, o funcionarios de turno: Las obras pertenecen a toda la ciudadanía de Managua y la decisión de desaparecerlas no perteneció a sus legítimos propietarios.
Cuando se llega a conocer los elementos de la escritura del lenguaje nativo, y si se tiene alguna consideración a las reglas conductuales de la gramática, es fácil sentir estupor ante la palabra mal escrita. Utilizando esta analogía a la lectura formal del monumento, planteamos  que el precio por la forma es un valor más intuitivo, talvez no requiere mayor experticie que la de la persistencia de la observación del formas del paisaje o las tangencias de la femineidad. Ambas obras apelaban a su propio lenguaje de descontextualización en el tejido urbano basado en elementos conocidos: El faro y la concha, su simplificada legibilidad simbólica creo que tenía una fuerza estética que otros monumentos no pudieron lograr en su época. De manera consciente buscaba excusas para referirme a la desafortunada existencia de los arcos de la rotonda universitaria: Un burdo cuento del rey desnudo. Causa furia ver una obra tan mal construída, y que simboliza la decadencia de la cultura constructiva de monumentos abstractos en el país. Cualquier puber con conocimiento de ecuaciones cuadráticas pudo diseñar las cimbras para esta obra tan espeluznante, obras como esta merecieron destruirse hace mucho tiempo, no sólo por atentar contra el ornato de la ciudad sino contra la imagen de inteligencia del buen hacedor. Alguien recordará que en una rotonda decapitaron una virgen de 12 metros para cambiarle la cabeza terriblemente esculpida, hay medidas de medidas.
La concha acústica fué durante cinco días un enorme ejemplo de resistencia a la gravedad, una fuerza antigua, ciega e impertérrita, cómplice de la necedad de funcionarios y máquinas a borrar de golpe lo tangible. El faro de  la paz tuvo la desdicha de que sus taludes perimetrales concebidos como un refugio verde se convirtieran en encubridores de su silente asesinato. Es más, me ha parecido sugerente “in extremis” el que se haya ocultado la entrada al famoso parque con plástico negro, como una expresión semiótica de la muerte de un transeúnte en la calle. Este muerto no podrá ir a ningún  departamento forénsico porque el génesis de tal acto es su defunción. Porque hasta para desaparecer había que hacer un diseño a la inversa, no hubo dignidad ni inteligencia alguna en la destrucción pero sí en la resistencia a desaparecer y esto es un valor agregado a la historia de las obras ya desaparecidas. La transgresión realizada originalmente al horizonte, se convirtió en una transgresión a la memoria del habitante.
Pero donde la transgresión fallará, (adrede dicho en tiempo futuro) no es en las burlas de hoy en las redes virtuales, y el eterno silencio de las autoridades, es con el transcurso del tiempo, en el cual se dirá de los monumentos que estuvieron en ese sitio, en ese sitio donde un funcionario “ordenará erigir construcciones donde él mismo había decretado que no era posible construir” , en ese mismo sitio algunos ciudadanos podremos entrecerrar los ojos y ver aún en pié el otrora monumento en un espacio mental propio, soberano, independiente e incorruptible.
Patrimonio es propiedad y mucha de esta se resguarda en la memoria, la expresión del tiempo como materia, el registro de los oficios para concretizar la idea, una metamorfosis de la identidad de lugar. El concreto fragmentado de la concha es el reflejo de la condición efímera de la existencia en un mundo carente de valores. En la memoria, se guarda el aprecio por los fantasmas de los monumentos de mi nuevamente amputada ciudad que quiso ser ciudad. El monumento no se destruye con su demolición.. sino con la destrucción de la existencia de la población.

Entonces, este malogrado fin, tal vez sea un nuevo anillo en la corteza del árbol. Un comienzo.